Aclarando conceptos

 Hola, potihólicas y potihólicos:

 Ya estoy de vuelta tras unos problemas informáticos y veo que todo sigue por un estilo. Ha habido algunos cambios en la legislación relativa a los cosméticos y una propuesta en lo referente a la alimentación que pone de manifiesto la poca información que tiene el consumidor de a pie sobre ciertos aspectos. Repito que el consumidor no debe tener estudios, se le debería proporcionar información veraz para que decida por sí mismo, pero la mayoría de las empresas juegan al engaño. Y me pregunto si yo misma, con mi afición por los productos naturales, habré ayudado a confundir a los lectores asiduos de esta bitácora. Por ello, creo que es bueno hacer un parón y revisar conceptos ( parezco una profesora, por Dior ).

 Los cambios en la legislación aprobados en la Comunidad Europea suponen que, en teoría, vamos a estar más protegidos y las empresas no van a poder engañar tan fácilmente al consumidor confiado. Y digo supone porque yo sigo viendo las mismas malas artes, tanto por parte de empresas grandes como de pymes. Por poner un par de ejemplos, sigo encontrándome infinidad de productos que indican “sin” determinado ingrediente, cosa que se ha prohibido, o que aseguran “con” otro cuando a lo mejor sólo llevan aroma.

 El problema de la alimentación es mucho más preocupante, pues quieren reducir la trazabilidad, dicho en cristiano, no vamos a poder conocer qué comemos, dónde y cómo ha sido producido, etc. Ni nosotros ni nadie salvo los productores.

 Volviendo al mundo cosmético, donde paradójicamente sí parece que vamos a poder conocer más de los productos, voy a aclarar términos. En mis círculos cercanos no se confunden, pero es cierto que muchos somos de ciencias en mi entorno. Lo primero que me gustaría repetir es qué se entiende por natural. Natural en principio lo es todo, como químico también lo es todo. Para mí un cosmético natural es el que está compuesto mayoritariamente por productos presentes en la naturaleza sin ser alterados, independientemente de que se empleen conservantes o algunos aditivos en la elaboración del producto. Pero ante la ley la etiqueta “natural” sigue sin estar regulada, por lo que no significa absolutamente nada.

 Estoy harta de los malos de la película. Esto va por modas, cada cierto tiempo surge un ingrediente maléfico a evitar. De tres años a esta parte los malos malísimos son los parabenos y muchos cosméticos gritan que no los contienen. La trampa de muchos de estos productos ( no de todos, ojo ), radica en que en lugar de parabenos usan ingredientes igual de sospechosos como el BHT , pero sobre los que de momento no ha caído el sambenito. Si alguien quiere asustarse un ratito, puede visitar en enlace http://es.wikipedia.org/wiki/Butilhidroxitolueno.

 Y sí, yo uso productos con parabenos, si el producto me va bien me da igual que los incluya porque, como en muchos otros casos, el problema puede venir del abuso y no del uso. Cierto es que prefiero los productos ecológicos 100 % naturales, pero también reconozco que hay productos que se pueden echar a perder y, en mi opinión, el truco está en consumir con cabeza. Si quiero un producto para usar en ocasiones puntuales o bien compro formatos muy pequeños o, si no es posible o no compensa, recurro a productos con algún conservante.

 Otro concepto que se presta a engaño es el de artesano como sinónimo de natural y saludable. Artesano significa, ni más ni menos, que no ha sido elaborado de manera industrial, con condiciones de operación imposibles de reproducir fuera de esas instalaciones. Pero, perdón por la expresión, se puede hacer basura artesana. De hecho, tanto anuncio de suplementos de fibra suele ir encaminado a facilitar cierta labor artesanal 😛

  ¿ Qué diferencia hay entre un principio activo obtenido de manera artesanal y otro obtenido de manera sintética ? Pues si el principio activo es el mismo, no hay diferencia. Un oligopéptido será idéntico si se obtiene de la naturaleza a la misma que se cree añadiendo con paciencia aminoácido a aminoácido. Por eso en alta perfumería se emplean muchos ingredientes sintéticos, para poder usar notas olfativas que de otra manera no estarían permitidas por obtenerse de especies en peligro de extinción.

 También existen principios activos sintéticos que son diferentes a cualquiera encontrado en la naturaleza. Aquí es donde surge el problema, no porque sean mejores o peores sino porque las pruebas de su inocuidad para la salud o de sus posibles efectos secundarios no son lo suficientemente concienzudas como ya he explicado en algún otro post. Ninguna empresa espera 20 años a ver si a los voluntarios que hayan estado usando el producto durante todo ese tiempo les pasa algo malo, suponen que el consumidor no será tan fiel pero ¿ y si lo es ? Además está el tema de las patentes, los rayalties e incluso el mercado y sus caprichos.

 Pero, ¿ por qué siempre recomiendo usar aceites vegetales puros, preferentemente ecológicos ? ¿ No es el mismo principio activo ? Sí y no. El aceite es igual puro, de primera presión, que refinado, aunque cuando se refina se deben emplear sustancias que son cancerígenas a largo plazo en muchos casos. Esas sustancias, como es lógico, se eliminan antes de envasar el producto, pero la separación con una pureza del 100% es humanamente imposible. Y la diferencia de precio entre unos aceites y otros no compensa el riesgo a mi juicio, aunque pasa como con los parabenos, el problema es el abuso y no el uso.

 Para concluir y volviendo al tema artesanal, mucho ojo, debéis saber a quién le compráis los productos porque hay algunos que presumen de naturales, sin aditivos, sin esto, sin lo otro y luego son una bomba de alérgenos ( por no decir cosas peores, pues hay concentraciones de aditivos que no se deben superar ). Como norma general, desconfiad de lo “natural” con infinidad de colores chillones, aromas a “chuches” y completamente personalizables. Aunque esto no es un dogma de fe, lo digo por si no se puede consultar la lista INCI que, por ley, en España tenemos derecho a consultar.

 Los productos verdaderamente naturales tienen el color y el aroma que resulta de la mezcla de sus ingredientes, a lo sumo se puede variar el aroma con algún aceite esencial que refuerce de paso las propiedades cosméticas o medicinales del producto. ¿ Os van a hacer daño los otros ? Depende, si tenéis infinidad de alergias como una servidora es bastante probable, en otro caso no hay tanto problema, pero no dejan de ser otro engaño al consumidor. Quedémosnos con que no hay jabones 100 % naturales rosa fluorescente, ni champú similar con aroma a natillas o frascos de buen perfume de rosas a precio de bazar. Y hasta que las cosas no cambien, no queda otra que recelar de algunas maravillas, aunque sólo sea para que no nos tomen por ( tan ) incautos.

 Besitos de mapache potihólico y un diploma virtual para quien se haya leído este tocho 😉