Porque la caja lo dice

Hola, potihólicas:
Como os «amenazaba» el otro día, toca leer, y además algo que puede no gustaros: el consumidor medio de productos cosméticos es el consumidor más crédulo que haya visto jamás. Más aún, hablando siempre de forma ponderada, que el consumidor de suplementos nutricionales, con el que comparte muchos puntos en común.
No penséis que voy de lista, lo que me produce este hecho es una mezcla de escándalo hacia la publicidad engañosa que realizan casi todas las empresas cosméticas, y de indignación frente al poco interés que tienen ( y aquí es donde me matáis ) personas que se dicen amantes del tema. Veréis, tengo varias inquietudes, muy diversas, y en todas salvo en el caso de la cosmética la gente que conozco atesora libros sobre su afición, libros que debora, que lee una y otra vez, pues tiene ansia de conocimiento. Eso en cosmética no sucede. Y os lo dice una que se leyó los libros relativos al tema de la facultad de Oviedo escritos en inglés: tres, y de los años 80-90. Sí, yo tengo varios libros de fitoterapia en general y de aromaterapia en particular, amén de todos los libros de química y bioprocesos de la carrera, pero reconozco que hay poco donde elegir, y menos con un mínimo de seriedad. Y eso se debe a que no hay demanda.
 Este tandem de publicidad engañosa y credulidad nos lleva a lo que veo cada día, gente gastando dinero en un producto en busca de un milagro no necesario para vivir, y creyendo que va a funcionar porque la caja lo dice.
 He tenido la gran suerte de haber tenido como profesor a un excelente estadista y mejor persona, alguien tristemente fallecido de manera temprana, con quien aprendí las cosas más útiles de toda la carrera. El me enseñó estadística, pero no sólo cómo usarla de manera correcta, sino cómo por un error ligero o un poco de mala idea se podía llegar a asegurar, con las matemáticas en la mano, algo completamente falso. Y más cuando se trabajan con datos de laboratorio, donde los resultados que son muy dispares se ignoran, se les llama «errores experimentales«. Esto se hace así para evitar malos resultados cuando se ve claramente que ha habido un error humano, pero al final el criterio queda en manos de quien maneja los datos y la verdad es que, salvo para estudios muy serios, se acaban etiquetando como errores experimentales todos aquellos que no conviene para lo que se intenta demostrar. Por ese motivo hay estudios científicos que aseguran una cosa y otros la contraria, y catedráticos enfrentados entre sí por una idea, cuando en realidad las cosas no están claras aún.
 Todo esto viene para señalaros mi recelo ante las estadísticas de «resultados visibles» que muchas empresas incluyen con sus productos. Además de no mostrar cómo se han realizado los estudios, el concepto de visible ya depende del individuo ( no todos tenemos la vista perfecta ) y tampoco os cuentan que en el estudio han seleccionado a personas susceptibles de responder bien a ese tratamiento, eliminando como errores experimentales los resultados que no convienen.
 Las empresas serias hablan de resultados de manera orientativa, pero no se atreven a hilar tan fino porque saben que es casi imposible, y que al final, como siempre decimos, cada individuo es un mundo. Empresas cosméticas muy serias en ese aspecto son MuLondon y Green People. También existen profesionales serios, como la persona que lleva la tienda de La Abeja Egipcia, quien os orientará lo mejor que pueda y que además se ha molestado en formarse e informarse acerca de los productos que vende. Un buen profesional puede ser nuestra salvación si no sabemos bien qué terreno pisamos. Y ahora viene mi inquietud, otra cosa que no os va a gustar a algunas, y es el poder de convicción que tenemos los bloggers. En el sector cosmético hay muchas buenas bloggers con conocimientos y otras que sencillamente son sinceras y describen sus experiencias. Pero hay un grueso de personas que se limitan a publicar lo mismo que la empresa desea que digan, o copian la etiqueta del envase. Y así nos encontramos con el caso de una chica que recomendaba a ojos cerrados un tónico que se supone era para pieles sensibles, cuando el tónico incorporaba ingredientes prohibidos para ese tipo de pieles y la cantidad de principio activo calmante era irrisoria e ineficaz. ¿ Y por qué ?  Pues, de nuevo, porque la caja lo dice y eso va a misa. Podéis pensar que no tiene importancia, pero yo me preocupo por las personas que, con una piel con necesidades específicas, lean eso, compren el producto y acaben en el médico de guardia para que les receten corticoides por la señora dermatitis que les ha causado el milagro embotellado que han comprado.
 Y aquí me despido con un interrogante: ¿ hasta qué punto tenemos una responsabilidad los bloggers ? En mi opinión, la mayor parte de la culpa recae en el consumidor crédulo, pero no puedo evitar pensar que algo de responsabilidad sí tenemos. Porque, si no uno sabe lo que tiene entre manos, es mejor limitarse a contar su experiencia, si le ha gustado o no, y listo. Pero aseverar que algo trata ciertos problemas de la piel cuando es justo lo contrario me parece un acto irresponsable.
 Si alguien ha tenido la paciencia de leer todo esto, ¿ cuál es su opinión al respecto ? Me encantaría hacer un pequeño debate y conocer vuestra impresiones, tanto de personas con blogs de la temática como de consumidores de a pie que acuden a los blogs en busca de información.
 En la próxima reflexión no seré tan dura, os hablaré de algo que comentamos algunas blogueras amigas hace tiempo y que queda muy bien resumido en una frase de una persona a la que admiro.
 Besitos de mapache potihólico 🙂
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