En defensa del normopeso

 Hola, potihólicas y potihólicos:

 Otro tostón de entrada donde voy a intentar convenceros de lo conveniente que es tener un peso adecuado, sin obsesionarse con el tema pero tampoco sin abandonarse y decir que no se puede hacer nada por cambiarlo. ¿ Por qué ahora y por qué yo ? Porque he sufrido en mis carnes el infrapeso severo, fruto de una negligencia médica que casi me cuesta la vida, y el sobrepeso que, si bien no llegaba a obesidad, con mi estatura me hacía complicado encontrar ropa ( la de tallas grandes era muy grande y la otra muy pequeña ). En este caso el sobrepeso era consecuencia de un medicamento y, al comenzar con el problema, acudí al médico de cabecera a decirle lo que me estaba pasando. Con esto quiero repetir que lo importante es la salud, y en torno a ello va a girar esta reflexión.

  Continuando con mi época de sobrepeso, el médico miró mis analíticas y me dijo que al ser correctas, no tener ningún factor de riesgo cardiovascular salvo la conveniencia de bajar 5 kg y dado que con el medicamento que debía tomar a la fuerza la única manera de adelgazar sería hacer una dieta salvaje, de las que dañan la salud, recuerdo las palabras: «no te obsesiones, en tu caso es sólo un problema estético». Lo que debía hacer es seguir manteniendo los niveles de riesgo cardiovascular al mínimo y procurar no comer alimentos muy calóricos. Lo gracioso es que cuando tuve sobrepeso apenas comía, mi madre no entendía cómo podía vivir, porque no era capaz de comer más, y que cuando tuve infrapeso severo como tienen las modelos de pasarela yo me metía entre pecho y espalda unos platos tan grandes como mis amigos deportistas y de casi dos metros, sólo que debía controlar que no fueran muy grasos porque una de las secuelas se aquella negligencia es que me quedo el aparato digestivo muy delicado. Mis analíticas eran perfectas, por aquel entonces ni anemia ferropénica tenía.

 Algunos me diréis que entonces estaba sana y no debía preocuparme. Y aquí es donde os cuento mi experiencia, dejando al lado la crueldad de la sociedad con las personas extremadamente delgadas ( y la envidia que a la vez se les tiene, es algo muy raro ). Cuando yo estaba caquéxica me obsesionaba con ello, tenía complejos o, mejor dicho, tenía espejos en casa. Uno de los médicos que estaba arreglando el desaguisado de aquella negligencia me contó que lo importante era que comía bien, mis analíticas eran como para enmarcarlas y que tuviera en cuenta que tras el desgaste que había sufrido mi cuerpo iba a tardar años en coger unos kilos. A algunas os sonará bien. Pero cuando por fin conseguí ganar unos kilos y pasé a tener infrapeso ligero ( vamos, que ya no me cogerían en las pasarelas ja ja ja ) un día ese médico me dijo: «ahora ya no debes preocuparte por tu peso, como si te quedas así toda tu vida». Entonces me explicó lo que no quiso contarme en su momento, y es que cuando alguien tiene un infrapeso severo, aún alimentándose bien, no tiene el cuerpo preparado para hacer frente a algunas enfermedades y, de contraerlas, podría morirse. Que no me lo había contado en su momento porque bastante agobiada estaba yo ya. Pero que en ese momento, con 5 kg por debajo de lo que ya se llama normopeso y con la alimentación tan cuidada que siempre he intentado llevar, unida a mis analiticas, ya no corría peligro. Peligro que sí correrían quienes tuviesen ese peso alimentándose mal.

 Volvamos a la etapa del sobrepeso, que no llego a ser obesidad. Tengo malformaciones en los pies desde niña, se supone que los pies deberían dolerme a diario. Al ser algo de nacimiento uno se adapta y con tan sólo usar buen calzado, cuando estaba delgada podía hacer lo que quisiera salvo correr. Pero con el sobrepeso vinieron aquellos dolores en pies y tobillos por los que siempre me preguntaban, y los pies comenzaron a hincharse algo en verano. No es para morirse, pero es molesto. Además me cansaba con más facilidad, lógico.

 En mi caso el sobrepeso se debía casi exclusivamente a líquido, por la distribución del mismo. Me salió algo de celulitis, la cintura estrecha que siempre me ha caracterizado se fue de vacaciones y notaba mala circulación periférica. Incluso tenía toda la sintomatología del síndrome de fatiga crónica, aunque ese debió ser uno de los muchos efectos adversos de aquel medicamento.

 No hace ni un año que me cambiaron aquel medicamento por otro, y éste a mí no me produce esos efectos indeseados. Ahora tengo normopeso, como más que comía con el sobrepeso y menos que cuando el infrapeso, no necesito intentar comer poco o comer mucho, mi cuerpo se regula solo y ya no me duelen los pies ni los tobillos. Tampoco me acuesto con una sensación de cansancio en la espalda que, repito, esa igual era cosa de las pastillas aquellas. En todo momento mi dieta fue equilibrada.

 A donde pretendo llegar es a que hay circunstancias en la vida en las que no podemos controlar nuestro peso, pero siempre debemos intentar que eso no vaya a más, por salud. Lo estético es secundario. Y si te ves mal con un peso normal, y no hablo de perfecto sino de algo saludable, tu salud te agradecerá que aprendas a querete más y dejes la báscula tranquila. Cuando uno no puede controlar su peso debe mirar su alimentación, y si en ella no hay causa que explique lo que sucede, ir a hacerse un chequeo, una analítica general, consultar con el médico de cabecera, etc, antes de que eso llegue a niveles alarmantes. Podríamos estar ante el síntoma de una enfermedad, y cuanto antes de ataje, mejor.

 Si como me pasó a mí, tenéis que tomar medicación que altera el valor que indica la báscula, he plasmado en esta entrada lo que me han dicho los médicos. Pensad que si es temporal luego se vuelve si no al mismo índice de masa corporal, casi al mismo. Os mando mucho ánimo, porque sé la rabia que da tener los armarios llenos de ropa que no te sirve. Ya os volverá a servir 😉

 Y a las que se escudan en que están más guapas con unos cuantos kilos de más o de menos, una pregunta: ¿ eres tan frívola como para preferir menoscabar tu salud por verte mona ? Pues eso también es un problema.

 Para finalizar, os envío mucha fuerza a las personas tanto con desarreglos hormonales como con trastornos alimentarios. Ambos son enfermedades, y la sociedad es muy cruel. Ignoradles, luchad por vuestra salud y el mundo que diga misa.

PD: La celulitis se ha ido, era retención de líquidos, mi parte frívola se alegra.

 Besitos de mapache potihólico 🙂

4 comentarios

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  1. ánimo, todos en principio sabemos que lo estetico es secundario pero nos tira mucho porque es lo que vemos a primera vista

  2. La verdad es que menudo calvario has pasado. La gente a menudo no es consciente del valor que tiene la salud, frente a la estética, y testimonios como éste ayudan a tomar conciencia. Un besazo.

  3. Debería ser siempre secundario lo estético. Yo ahora estoy bien de salud y hay quien me dice que por qué no pierdo un par de kg ¬¬

  4. muy buena entrada. Está claro que sabes de lo que hablas, y te agradezco que lo compartas.
    Estar sano es lo principal y mantener el cuerpo saludable es el objetivo.
    Lo demás es secundario, evidentemente

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