CREMA DE COCO BOTTEGA VERDE

He aquí otro de tantos «potis» de Bottega Verde que probé por una promoción o un regalo. En este caso, la crema de coco la probé por regalo con compra, y menos mal. A mí me encanta el olor a coco, me recuerda las playas y el verano, y así el cosquilleo del sol sobre la piel. También me parece un olor goloso porque me gusta mucho el sabor de los productos a base de coco, los comestibles, se entienden. Por eso esperaba con ilusión este obsequio. Al ser un regalo su formato es de 50 ml, pero resulta idéntico en envase y me imagino que en contenido al de 200 ml que se puede adquirir todo el año en la tienda. La presentación es buena, con un tarro redondeado y transparente y una tapa sólida encima con una imagen de trozos de pulpa de coco para mí más que atrayente.

bottega verde loción hidratante con aroma a coco

El envase permite ver el blanco inmaculado del producto, y al abrirlo viene el olor a coco. Pero su olor no es de los más logrados, a mí me huele a perfume de coco y no a coco de verdad. El producto tiene la textura de una leche muy fluida y baja en grasa, se extiende por ello perfectamente y se absorbe en poco tiempo dejando un aroma suave, tal vez demasiado para lo que yo esperaba. Desde luego no es como un producto solar a base de coco.

El punto donde más flojea esta ¿ crema ? ( yo sigo diciendo que es una leche, pero bueno ) en mi opinión es en los resultados sobre la piel. Su poder hidratante es ligero, y apenas tiene propiedades nutritivas. Unido al aroma suave que permanece casi se puede decir que uno se lo aplica por darse el gusto de aplicarlo y… a otra cosa mariposa. Además si no tiene oferta el formato de 200 ml cuesta unos 10 euros, y aunque se rían de mí algunas potiholicas, me parece caro para los resultados que da.

Comparando esta «crema» con sus homólogas de Yves Rocher y la manteca corporal de The Body Shop sale perdiendo, ganando por goleada este última. Lo cual no quita que si la veo en promoción de estas de un frasco de 50 ml a uno o dos euros no pueda volver a pillar una. Y es que…me encanta el coco, no lo puedo remediar.

 Besitos de mapache potiholico 🙂