Nos han atrofiado los sentidos

 Hola, potihólicas:
 Bienvenidas a otra reflexión de las que tenía pensado ir subiendo sobre el mundo de la cosmética. Un día Luis Miguel Dominguez Mencía ( @DOMINGUEZLM en twitter ), discípulo de Félix Rodríguez de la Fuente y presentador de Biodiario en la 2 ( cuyo horario no dejan de mover para jorobar ) decía algo así como «estamos tan acostumbrados a lo artificial que lo natural se nos hace extraño«. Esta frase resume algo de lo que ya he hablado muchas veces con bastante gente, refiriéndome no sólo a la cosmética sino también a la alimentación. Comparto muchos puntos de vista con Luis Miguel Domínguez, entre ellos lo relativo a la alimentación ecológica, única manera de saber qué narices estamos ingiriendo, dado el oscurantismo que hay con los pesticidas y con los OGMs o transgénicos. Aunque yo de éstos últimos sí he tenido acceso a alguna información y bibliografía.
 Dejando el tema de la alimentación a un lado porque sino me acaloro y no acabo, vayamos al mundo cosmético. ¿ Lo natural vende ? ¿ lo natural está de moda ? Pues no, lo que vende y lo que el consumidor reclama es que la etiqueta indique «natural», palabra que no está regulada por ninguna legislación a diferencia de lo que ocurre con los sellos y certificaciones ecológicas, pero dadle algo natural a muchas de esas personas que presumen de usar productos «naturales porque llevan un 1% de extractos vegetales» y salen huyendo. Caso verídico, con las cajitas éstas de minitallas, en una ocasión enviaron unas muestras de un serum a base de hongos de una prestigiosa empresa micológica y casi todas las que lo recibieron escribieron reseñas quejándose de que el producto había llegado en mal estado. Me dio vergüenza ajena, ¿ a qué se piensan que huelen las setas ? ¿ a flores blancas en primavera ? Pues no, huelen a humedad, a tierra, hay diferentes matices según la especie, huelen a bosque en primavera o en otoño, o un tronco de árbol muerto, pero no huelen a gominolas. Y, por cierto, huelen divinamente y bien ricas que están muchas setas, cada cosa en lo suyo.
 Otra cosa que me ha tocado leer, «no me gusta este aceite vegetal porque es aceitoso» 0.0 , o «no me gusta ese producto orgánico ( éste ya con olor a flores de las de verdad ) porque huele raro», ¿ mande ? Seguro que prefieres las parafinas que no se absorben y obstruyen los poros y los aromatizantes artificiales responsables de algunas alergias y sospechosos de cosas más graves las cuales me voy a callar. Y todo estaría bien, para gustos colores, si no viera a esas personas erigiéndose como abanderadas de una forma de vida natural, sostenible y no sé cuántas cosas más. Es como si un vegano se va a comer a una hamburguesería porque le ponen una hoja de lechuga.
 Lo peor, lo de siempre, que se juntan algunas personas bastante ignorantes y alimentan la publicidad engañosa frente a la cual en España no estamos protegidos, y la bola se va haciendo más y más grande. Y así acabamos considerando como cruelty free el uso de pieles ( las llamadas pieles ecológicas son pieles procedentes del consumo cárnico, pero no son pieles artificiales ) o utilizando productos elaborados con especies en peligro de extinción porque «es bio». Me pone enferma.
 Siento decepcionar a la gente, pero cuando algo pone natural, generalmente no lo es, aunque con esa etiqueta ya se aseguran ventas. Cuando indica puro, en ocasiones hablan de un ingrediente que se mezcla con infinidad de productos y, por definición, deja de ser puro. Cuando te dicen que algo está libre de químicos, mienten porque de entrada cualquier materia está compuesta por átomos y moléculas, todo es química. Los aceites no hidratan, y además son y siempre serán aceitosos. Las flores huelen a flores, no a fragancias sintéticas de gran consumo ( ojo, en laboratorios se puede obtener de manera sintética las mismas moléculas que causan los aromas naturales, y así lo hacen muchas empresas de alta gama para poder usar ciertas sustancias prohibidas de otra manera ). Ah, y la miel huele a miel que tira para atrás si se compara con las imitaciones de grandes empresas. No hay nada malo en que no nos guste lo natural, el lazo que nos une con la naturaleza es cada vez más débil, se nos han atrofiado los sentidos y nos han educado para centrar nuestra atención en otros aspectos. Pero creo que no está demás llamar a las cosas por su nombre, más que nada para no despistar al consumidor que, como he dicho en otra entrada, si hablamos de cosmética es extremadamente crédulo.
 Me he acalorado y eso que no he tocado el tema alimentación, ni lo haré, porque puede ser muy gordo, ja ja ja. En otra entrada de este tipo os explicaré cómo consulto fuentes de información, cuáles considero fiables y cuáles no. Y, ahora de buen rollito, ¿ cuántas y cuantos frikis de lo natural quedamos ? Y no, las lacas de uñas no son ecológicas por mucho que nos lo intenten inculcar 😉
PD: Por cierto, lo natural, o mejor dicho lo natural que puede curar, también puede matar, no es inocuo, requiere saber qué se usa y cómo. Hasta el agua nos puede matar si ingerimos demasiada. No nos pasemos tampoco de «naturistas».
Besitos de mapache potihólico 🙂
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